{"version":"1.0","provider_name":"Parroquia Matriz de San Agust\u00edn","provider_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org","author_name":"admin","author_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/author\/admin\/","title":"Mensaje del Papa para la Cuaresma - Parroquia Matriz de San Agust\u00edn","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"TnpjwcDH5V\"><a href=\"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/2022\/02\/25\/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma\/\">Mensaje del Papa para la Cuaresma<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/2022\/02\/25\/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma\/embed\/#?secret=TnpjwcDH5V\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abMensaje del Papa para la Cuaresma\u00bb \u2014 Parroquia Matriz de San Agust\u00edn\" data-secret=\"TnpjwcDH5V\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/parroquiasanagustin.org\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/papa-francisco-cuaresma-2.jpg","thumbnail_width":1200,"thumbnail_height":750,"description":"\u00abNo nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos\u00bb (Ga 6,9-10a) Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovaci\u00f3n personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos har\u00e1 bien reflexionar sobre la exhortaci\u00f3n de san Pablo a los g\u00e1latas: \u00abNo nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kair\u00f3s), hagamos el bien a todos\u00bb (Ga 6,9-10a). 1. Siembra y cosecha En este pasaje el Ap\u00f3stol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jes\u00fas tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kair\u00f3s, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. \u00bfQu\u00e9 es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero tambi\u00e9n lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la par\u00e1bola evang\u00e9lica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque hab\u00eda acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversi\u00f3n, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no est\u00e9n tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir. El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente \u00absigue derramando en la humanidad semillas de bien\u00bb (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra \u00abviva y eficaz\u00bb (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegr\u00eda, a\u00fan m\u00e1s grande es la llamada a ser \u00abcolaboradores de Dios\u00bb (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar tambi\u00e9n nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda. \u00bfY la cosecha? \u00bfAcaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que s\u00ed. El v\u00ednculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: \u00abA sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa\u00bb (2 Co 9,6). Pero, \u00bfde qu\u00e9 cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los m\u00e1s peque\u00f1os gestos de bondad. En Dios no se pierde ning\u00fan acto de amor, por m\u00e1s peque\u00f1o que sea, no se pierde ning\u00fan \u00abcansancio generoso\u00bb (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el \u00e1rbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificaci\u00f3n para la salvaci\u00f3n de todos (cf. Rm 6,22). En realidad, s\u00f3lo vemos una peque\u00f1a parte del fruto de lo que sembramos, ya que seg\u00fan el proverbio evang\u00e9lico \u00abuno siembra y otro cosecha\u00bb (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los dem\u00e1s participamos en la magnanimidad de Dios: \u00abUna gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos ser\u00e1n recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra\u00bb (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los dem\u00e1s nos libera de las estrechas l\u00f3gicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduci\u00e9ndonos en el maravilloso horizonte de los ben\u00e9volos designios de Dios. La Palabra de Dios ensancha y eleva a\u00fan m\u00e1s nuestra mirada, nos anuncia que la siega m\u00e1s verdadera es la escatol\u00f3gica, la del \u00faltimo d\u00eda, el d\u00eda sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el \u00abfruto para la vida eterna\u00bb (Jn 4,36), que ser\u00e1 nuestro \u00abtesoro en el cielo\u00bb (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jes\u00fas usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrecci\u00f3n (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrecci\u00f3n de nuestro cuerpo: \u00abSe siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo d\u00e9bil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual\u00bb (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: \u00abSi lo que esperamos de Cristo se reduce s\u00f3lo a esta vida, somos los m\u00e1s desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron\u00bb (1 Co 15,19-20), para que aquellos que est\u00e1n \u00edntimamente unidos a \u00c9l en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos tambi\u00e9n unidos a su resurrecci\u00f3n para la vida eterna (cf. Jn 5,29). \u00abEntonces los justos brillar\u00e1n como el sol en el Reino de su Padre\u00bb (Mt 13,43). 2. \u00abNo nos cansemos de hacer el bien\u00bb La resurrecci\u00f3n de Cristo anima las esperanzas terrenas con la \u00abgran esperanza\u00bb de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvaci\u00f3n (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusi\u00f3n por tantos sue\u00f1os rotos, frente a la preocupaci\u00f3n por los retos que nos conciernen,"}