{"version":"1.0","provider_name":"Parroquia Matriz de San Agust\u00edn","provider_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org","author_name":"admin","author_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/author\/admin\/","title":"Mensaje del Papa para la Cuaresma 2021 - Parroquia Matriz de San Agust\u00edn","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"817cpghD38\"><a href=\"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/2021\/03\/10\/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma-2021\/\">Mensaje del Papa para la Cuaresma 2021<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/index.php\/2021\/03\/10\/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma-2021\/embed\/#?secret=817cpghD38\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"\u00abMensaje del Papa para la Cuaresma 2021\u00bb \u2014 Parroquia Matriz de San Agust\u00edn\" data-secret=\"817cpghD38\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/parroquiasanagustin.org\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","thumbnail_url":"https:\/\/parroquiasanagustin.org\/wp-content\/uploads\/2020\/04\/papa-francisco-cuaresma-2.jpg","thumbnail_width":1200,"thumbnail_height":750,"description":"\u00abMirad, estamos subiendo a Jerusal\u00e9n&#8230;\u00bb (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad. Queridos hermanos y hermanas: Cuando Jes\u00fas anuncia a sus disc\u00edpulos su pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misi\u00f3n y los exhorta a asociarse a ella, para la salvaci\u00f3n del mundo. Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducir\u00e1 a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que \u00abse humill\u00f3 a s\u00ed mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz\u00bb (Flp&nbsp;2,8). En este tiempo de conversi\u00f3n renovemos&nbsp;nuestra fe, saciemos nuestra sed con&nbsp;el \u201cagua viva\u201d de la esperanza&nbsp;y recibamos con el coraz\u00f3n abierto&nbsp;el amor de Dios&nbsp;que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Esp\u00edritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya est\u00e1 bajo la luz de la Resurrecci\u00f3n, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo. El ayuno, la oraci\u00f3n y la limosna, tal como los presenta Jes\u00fas en su predicaci\u00f3n (cf.&nbsp;Mt&nbsp;6,1-18), son las condiciones y la expresi\u00f3n de nuestra conversi\u00f3n. La v\u00eda de la pobreza y de la privaci\u00f3n (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el di\u00e1logo filial con el Padre (la oraci\u00f3n) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas. En este tiempo de Cuaresma,&nbsp;acoger y vivir la Verdad que se manifest\u00f3 en Cristo&nbsp;significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Esta Verdad no es una construcci\u00f3n del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del coraz\u00f3n, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino \u2014exigente pero abierto a todos\u2014 que lleva a la plenitud de la Vida. El ayuno vivido como experiencia de privaci\u00f3n, para quienes lo viven con sencillez de coraz\u00f3n lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en \u00c9l su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y \u201cacumula\u201d la riqueza del amor recibido y compartido. As\u00ed entendido y puesto en pr\u00e1ctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al pr\u00f3jimo en cuanto, como nos ense\u00f1a santo Tom\u00e1s de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atenci\u00f3n en el otro consider\u00e1ndolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc.&nbsp;Fratelli tutti, 93). La Cuaresma es un tiempo para creer,&nbsp;es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle \u201cponer su morada\u201d en nosotros (cf.&nbsp;Jn&nbsp;14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturaci\u00f3n de informaciones \u2014verdaderas o falsas\u2014 y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro coraz\u00f3n a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero \u00ablleno de gracia y de verdad\u00bb (Jn&nbsp;1,14): el Hijo de Dios Salvador. La esperanza como \u201cagua viva\u201d que nos permite continuar nuestro camino La samaritana, a quien Jes\u00fas pide que le d\u00e9 de beber&nbsp;junto al pozo, no comprende cuando \u00c9l le dice que podr\u00eda ofrecerle un \u00abagua viva\u00bb (Jn&nbsp;4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jes\u00fas se refiere al Esp\u00edritu Santo, aquel que \u00c9l dar\u00e1 en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasi\u00f3n y muerte Jes\u00fas ya anuncia la esperanza, cuando dice: \u00abY al tercer d\u00eda resucitar\u00e1\u00bb (Mt&nbsp;20,19). Jes\u00fas nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con \u00c9l y gracias a \u00c9l quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perd\u00f3n del Padre en su Coraz\u00f3n abierto. En el actual contexto de preocupaci\u00f3n&nbsp;en el que vivimos y en el que todo parece fr\u00e1gil e incierto, hablar de esperanza podr\u00eda parecer una provocaci\u00f3n. El tiempo de Cuaresma est\u00e1 hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creaci\u00f3n, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc.&nbsp;Laudato si\u2019, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliaci\u00f3n, a la que san Pablo nos exhorta con pasi\u00f3n: \u00abOs pedimos que os reconcili\u00e9is con Dios\u00bb (2 Co&nbsp;5,20). Al recibir el perd\u00f3n, en el Sacramento que est\u00e1 en el coraz\u00f3n de nuestro proceso de conversi\u00f3n, tambi\u00e9n nosotros nos convertimos en difusores del perd\u00f3n: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un di\u00e1logo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perd\u00f3n de Dios, tambi\u00e9n mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad. En la Cuaresma, estemos m\u00e1s atentos a \u00abdecir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan\u00bb, en lugar de \u00abpalabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian\u00bb (Carta enc.&nbsp;Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser \u00abuna persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atenci\u00f3n, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia\u00bb (ib\u00edd., 224). En el recogimiento y el silencio de la oraci\u00f3n, se nos da la esperanza como inspiraci\u00f3n y luz interior, que ilumina los desaf\u00edos y las decisiones de nuestra misi\u00f3n: por esto es fundamental recogerse en oraci\u00f3n (cf.&nbsp;Mt&nbsp;6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre"}