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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n</provider_name><provider_url>https://parroquiasanagustin.org</provider_url><author_name>admin</author_name><author_url>https://parroquiasanagustin.org/index.php/author/admin/</author_url><title>Mensaje del Papa para la Cuaresma - Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="xp1U0QFgnv"&gt;&lt;a href="https://parroquiasanagustin.org/index.php/2022/02/25/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma/"&gt;Mensaje del Papa para la Cuaresma&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://parroquiasanagustin.org/index.php/2022/02/25/mensaje-del-papa-para-la-cuaresma/embed/#?secret=xp1U0QFgnv" width="600" height="338" title="&#xAB;Mensaje del Papa para la Cuaresma&#xBB; &#x2014; Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n" data-secret="xp1U0QFgnv" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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Siembra y cosecha En este pasaje el Ap&#xF3;stol evoca la imagen de la siembra y la cosecha, que a Jes&#xFA;s tanto le gustaba (cf. Mt 13). San Pablo nos habla de un kair&#xF3;s, un tiempo propicio para sembrar el bien con vistas a la cosecha. &#xBF;Qu&#xE9; es para nosotros este tiempo favorable? Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo favorable, pero tambi&#xE9;n lo es toda nuestra existencia terrena, de la cual la Cuaresma es de alguna manera una imagen [1]. Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la par&#xE1;bola evang&#xE9;lica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque hab&#xED;a acumulado una gran cosecha en sus graneros (cf. Lc 12,16-21). La Cuaresma nos invita a la conversi&#xF3;n, a cambiar de mentalidad, para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el poseer cuanto en el dar, no est&#xE9;n tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir. El primer agricultor es Dios mismo, que generosamente &#xAB;sigue derramando en la humanidad semillas de bien&#xBB; (Carta enc. Fratelli tutti, 54). Durante la Cuaresma estamos llamados a responder al don de Dios acogiendo su Palabra &#xAB;viva y eficaz&#xBB; (Hb 4,12). La escucha asidua de la Palabra de Dios nos hace madurar una docilidad que nos dispone a acoger su obra en nosotros (cf. St 1,21), que hace fecunda nuestra vida. Si esto ya es un motivo de alegr&#xED;a, a&#xFA;n m&#xE1;s grande es la llamada a ser &#xAB;colaboradores de Dios&#xBB; (1 Co 3,9), utilizando bien el tiempo presente (cf. Ef 5,16) para sembrar tambi&#xE9;n nosotros obrando el bien. Esta llamada a sembrar el bien no tenemos que verla como un peso, sino como una gracia con la que el Creador quiere que estemos activamente unidos a su magnanimidad fecunda. &#xBF;Y la cosecha? &#xBF;Acaso la siembra no se hace toda con vistas a la cosecha? Claro que s&#xED;. El v&#xED;nculo estrecho entre la siembra y la cosecha lo corrobora el propio san Pablo cuando afirma: &#xAB;A sembrador mezquino, cosecha mezquina; a sembrador generoso, cosecha generosa&#xBB; (2 Co 9,6). Pero, &#xBF;de qu&#xE9; cosecha se trata? Un primer fruto del bien que sembramos lo tenemos en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas, incluso en los m&#xE1;s peque&#xF1;os gestos de bondad. En Dios no se pierde ning&#xFA;n acto de amor, por m&#xE1;s peque&#xF1;o que sea, no se pierde ning&#xFA;n &#xAB;cansancio generoso&#xBB; (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279). Al igual que el &#xE1;rbol se conoce por sus frutos (cf. Mt 7,16.20), una vida llena de obras buenas es luminosa (cf. Mt 5,14-16) y lleva el perfume de Cristo al mundo (cf. 2 Co 2,15). Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificaci&#xF3;n para la salvaci&#xF3;n de todos (cf. Rm 6,22). En realidad, s&#xF3;lo vemos una peque&#xF1;a parte del fruto de lo que sembramos, ya que seg&#xFA;n el proverbio evang&#xE9;lico &#xAB;uno siembra y otro cosecha&#xBB; (Jn 4,37). Precisamente sembrando para el bien de los dem&#xE1;s participamos en la magnanimidad de Dios: &#xAB;Una gran nobleza es ser capaz de desatar procesos cuyos frutos ser&#xE1;n recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra&#xBB; (Carta enc. Fratelli tutti, 196). Sembrar el bien para los dem&#xE1;s nos libera de las estrechas l&#xF3;gicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduci&#xE9;ndonos en el maravilloso horizonte de los ben&#xE9;volos designios de Dios. La Palabra de Dios ensancha y eleva a&#xFA;n m&#xE1;s nuestra mirada, nos anuncia que la siega m&#xE1;s verdadera es la escatol&#xF3;gica, la del &#xFA;ltimo d&#xED;a, el d&#xED;a sin ocaso. El fruto completo de nuestra vida y nuestras acciones es el &#xAB;fruto para la vida eterna&#xBB; (Jn 4,36), que ser&#xE1; nuestro &#xAB;tesoro en el cielo&#xBB; (Lc 18,22; cf. 12,33). El propio Jes&#xFA;s usa la imagen de la semilla que muere al caer en la tierra y que da fruto para expresar el misterio de su muerte y resurrecci&#xF3;n (cf. Jn 12,24); y san Pablo la retoma para hablar de la resurrecci&#xF3;n de nuestro cuerpo: &#xAB;Se siembra lo corruptible y resucita incorruptible; se siembra lo deshonroso y resucita glorioso; se siembra lo d&#xE9;bil y resucita lleno de fortaleza; en fin, se siembra un cuerpo material y resucita un cuerpo espiritual&#xBB; (1 Co 15,42-44). Esta esperanza es la gran luz que Cristo resucitado trae al mundo: &#xAB;Si lo que esperamos de Cristo se reduce s&#xF3;lo a esta vida, somos los m&#xE1;s desdichados de todos los seres humanos. Lo cierto es que Cristo ha resucitado de entre los muertos como fruto primero de los que murieron&#xBB; (1 Co 15,19-20), para que aquellos que est&#xE1;n &#xED;ntimamente unidos a &#xC9;l en el amor, en una muerte como la suya (cf. Rm 6,5), estemos tambi&#xE9;n unidos a su resurrecci&#xF3;n para la vida eterna (cf. Jn 5,29). &#xAB;Entonces los justos brillar&#xE1;n como el sol en el Reino de su Padre&#xBB; (Mt 13,43). 2. &#xAB;No nos cansemos de hacer el bien&#xBB; La resurrecci&#xF3;n de Cristo anima las esperanzas terrenas con la &#xAB;gran esperanza&#xBB; de la vida eterna e introduce ya en el tiempo presente la semilla de la salvaci&#xF3;n (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 3; 7). Frente a la amarga desilusi&#xF3;n por tantos sue&#xF1;os rotos, frente a la preocupaci&#xF3;n por los retos que nos conciernen,</description></oembed>
