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<oembed><version>1.0</version><provider_name>Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n</provider_name><provider_url>https://parroquiasanagustin.org</provider_url><author_name>admin</author_name><author_url>https://parroquiasanagustin.org/index.php/author/admin/</author_url><title>Mensaje Urbi et Orbi - Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n</title><type>rich</type><width>600</width><height>338</height><html>&lt;blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="MRdZJ7R9sL"&gt;&lt;a href="https://parroquiasanagustin.org/index.php/2021/04/07/mensaje-urbi-et-orbi/"&gt;Mensaje Urbi et Orbi&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;iframe sandbox="allow-scripts" security="restricted" src="https://parroquiasanagustin.org/index.php/2021/04/07/mensaje-urbi-et-orbi/embed/#?secret=MRdZJ7R9sL" width="600" height="338" title="&#xAB;Mensaje Urbi et Orbi&#xBB; &#x2014; Parroquia Matriz de San Agust&#xED;n" data-secret="MRdZJ7R9sL" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" class="wp-embedded-content"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;script&gt;
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Ante esto, o mejor, en medio a esta realidad compleja, el anuncio de Pascua recoge en pocas palabras un acontecimiento que da esperanza y no defrauda: &#x201C;Jes&#xFA;s, el crucificado, ha resucitado&#x201D;. No nos habla de &#xE1;ngeles o de fantasmas, sino de un hombre, un hombre de carne y hueso, con un rostro y un nombre: Jes&#xFA;s. El Evangelio atestigua que este Jes&#xFA;s, crucificado bajo el poder de Poncio Pilato por haber dicho que era el Cristo, el Hijo de Dios, al tercer d&#xED;a resucit&#xF3;, seg&#xFA;n las Escrituras y como &#xC9;l mismo hab&#xED;a anunciado a sus disc&#xED;pulos. El Crucificado, no otro, es el que ha resucitado. Dios Padre resucit&#xF3; a su Hijo Jes&#xFA;s porque cumpli&#xF3; plenamente su voluntad de salvaci&#xF3;n: asumi&#xF3; nuestra debilidad, nuestras dolencias, nuestra misma muerte; sufri&#xF3; nuestros dolores, llev&#xF3; el peso de nuestras iniquidades. Por eso Dios Padre lo exalt&#xF3; y ahora Jesucristo vive para siempre, y &#xC9;l es el Se&#xF1;or. Los testigos se&#xF1;alan un detalle importante: Jes&#xFA;s resucitado lleva las llagas impresas en sus manos, en sus pies y en su costado. Estas heridas son el sello perpetuo de su amor por nosotros. Todo el que sufre una dura prueba, en el cuerpo y en el esp&#xED;ritu, puede encontrar refugio en estas llagas y recibir a trav&#xE9;s de ellas la gracia de la esperanza que no defrauda. Cristo resucitado es esperanza para todos los que a&#xFA;n sufren a causa de la pandemia, para los enfermos y para los que perdieron a un ser querido. Que el Se&#xF1;or d&#xE9; consuelo y sostenga las fatigas de los m&#xE9;dicos y enfermeros. Todas las personas, especialmente las m&#xE1;s fr&#xE1;giles, precisan asistencia y tienen derecho a acceder a los tratamientos necesarios. Esto es a&#xFA;n m&#xE1;s evidente en este momento en que todos estamos llamados a combatir la pandemia, y las vacunas son una herramienta esencial en esta lucha. Por lo tanto, en el esp&#xED;ritu de un &#x201C;internacionalismo de las vacunas&#x201D;, insto a toda la comunidad internacional a un compromiso com&#xFA;n para superar los retrasos en su distribuci&#xF3;n y para promover su reparto, especialmente en los pa&#xED;ses m&#xE1;s pobres. El Crucificado Resucitado es consuelo para quienes han perdido el trabajo o atraviesan serias dificultades econ&#xF3;micas y carecen de una protecci&#xF3;n social adecuada. Que el Se&#xF1;or inspire la acci&#xF3;n de las autoridades p&#xFA;blicas para que todos, especialmente las familias m&#xE1;s necesitadas, reciban la ayuda imprescindible para un sustento adecuado. Desgraciadamente, la pandemia ha aumentado dram&#xE1;ticamente el n&#xFA;mero de pobres y la desesperaci&#xF3;n de miles de personas. &#xAB;Es necesario que los pobres de todo tipo recuperen la esperanza&#xBB;, dec&#xED;a&nbsp;san Juan Pablo II&nbsp;en su&nbsp;viaje a Hait. Y precisamente al querido pueblo haitiano se dirige en este d&#xED;a mi pensamiento y mi aliento, para que no se vea abrumado por las dificultades, sino que mire al futuro con confianza y esperanza. Y yo dir&#xED;a que mi pensamiento se dirige especialmente a vosotros, queridas hermanas y hermanos haitianos. Os tengo presentes, estoy cerca de vosotros y quisiera que vuestros problemas se resolvieran definitivamente. Rezo por esto, queridos hermanos y hermanas haitianas. Jes&#xFA;s resucitado es esperanza tambi&#xE9;n para tantos j&#xF3;venes que se han visto obligados a pasar largas temporadas sin asistir a la escuela o a la universidad, y sin poder compartir el tiempo con los amigos. Todos necesitamos experimentar relaciones humanas reales y no s&#xF3;lo virtuales, especialmente en la edad en que se forman el car&#xE1;cter y la personalidad. Lo hemos escuchado el pasado viernes en el V&#xED;a Crucis de los ni&#xF1;os. &nbsp;Me siento cercano a los j&#xF3;venes de todo el mundo y, en este momento, de modo particular a los de Myanmar, que est&#xE1;n comprometidos con la democracia, haciendo o&#xED;r su voz de forma pac&#xED;fica, sabiendo que el odio s&#xF3;lo puede disiparse con el amor. Que la luz del Se&#xF1;or resucitado sea fuente de renacimiento para los emigrantes que huyen de la guerra y la miseria. En sus rostros reconocemos el rostro desfigurado y sufriente del Se&#xF1;or que camina hacia el Calvario. Que no les falten signos concretos de solidaridad y fraternidad humana, garant&#xED;a de la victoria de la vida sobre la muerte que celebramos en este d&#xED;a. Agradezco a los pa&#xED;ses que acogen con generosidad a las personas que sufren y que buscan refugio, especialmente al L&#xED;bano y a Jordania, que reciben a tantos refugiados que han huido del conflicto sirio. Que el pueblo liban&#xE9;s, que atraviesa un per&#xED;odo de dificultades e incertidumbres, experimente el consuelo del Se&#xF1;or resucitado y sea apoyado por la comunidad internacional en su vocaci&#xF3;n de ser una tierra de encuentro, convivencia y pluralismo. Que Cristo, nuestra paz, silencie finalmente el clamor de las armas en la querida y atormentada Siria, donde millones de personas viven actualmente en condiciones inhumanas, as&#xED; como en Yemen, cuyas vicisitudes est&#xE1;n rodeadas de un silencio ensordecedor y escandaloso, y en Libia, donde finalmente se vislumbra la salida a una d&#xE9;cada de contiendas y enfrentamientos sangrientos. Que todas las partes implicadas se comprometan de forma efectiva a poner fin a los conflictos y permitir que los pueblos devastados por la guerra vivan en paz y pongan en marcha la reconstrucci&#xF3;n de sus respectivos pa&#xED;ses. La Resurrecci&#xF3;n nos remite naturalmente a Jerusal&#xE9;n; imploremos al Se&#xF1;or que le conceda paz y seguridad (cf.&nbsp;Sal&nbsp;122), para que responda a la llamada a ser un lugar de encuentro donde todos puedan sentirse hermanos, y donde israel&#xED;es y palestinos vuelvan a encontrar la fuerza del di&#xE1;logo</description></oembed>
