Señal del Vaticano en directo para los próximos cultos de Semana Santa:

- Jueves Santo 

  A las 5 de la tarde (hora canaria): Celebración de la Cena del Señor

- Viernes Santo: 

  A las 5 de la tarde (hora canaria): Celebración de la Pasión del Señor

  Y a las 8 de la noche (hora canaria): Via Crucis

- Sábado Santo: 

  a las 8 de la noche (hora canaria): Vigilia Pascual

- Domingo de Resurrección 

  a las 10 de la mañana (hora canaria): Santa Misa y Bendición Urbi et Orbi


Mensaje del Papa para Semana Santa 

Queridos amigos, buenas noches,


Esta noche tengo la oportunidad de entrar en vuestras casas de una manera diferente a la habitual. Si me lo permitís, me gustaría hablar con vosotros unos momentos en este período de dificultad y de sufrimientos. Os imagino en medio de vuestras familias, mientras vivís una vida inusual para evitar el contagio. Pienso en la vivacidad de los niños y los jóvenes, que no pueden salir, ir a la escuela, hacer su vida. Llevo en mi corazón a todas las familias, especialmente a las que tienen algún ser querido enfermo o a las que desgraciadamente están de luto por el coronavirus u otras causas. En estos días pienso a menudo en las personas solas para las que es más difícil afrontar estos momentos. Sobre todo pienso en los ancianos, a los que quiero tanto.


No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas!También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos, pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja.


Es un momento difícil para todos. Para muchos, muy difícil. El Papa lo sabe y, con estas palabras, quiere expresar a todos su cercanía y su afecto. Intentemos, si podemos, aprovechar este tiempo lo mejor posible: seamos generosos; ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno; busquemos, a lo mejor por teléfono o en las redes sociales, a las personas que están más solas; recemos al Señor por los que pasan por esta prueba en Italia y en el mundo. Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor.


Celebramos la Semana Santa de una manera verdaderamente inusual, que manifiesta y resume el mensaje del Evangelio, el del amor ilimitado de Dios. Y en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua. Dice el apóstol Pablo: "Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos" (2 Cor 5, 15). En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche. Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza.


Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. Gracias por dejarme entrar en vuestras casas. Tened un gesto de ternura con los que sufren, con los niños, con los ancianos. Decidles que el Papa está cerca y reza para que el Señor nos libre pronto del mal a todos. Y vosotros, rezad por mí ¡Buena cena , hasta pronto!


Cuaresma – Pascua 2020 

«Sus heridas nos han curado»

Estimados hermanos:

Desde el Secretariado de Liturgia proponemos como lema para vivir el tiempo fuerte de Cuaresma y la alegría pascual: “Sus heridas nos han curado” (1Pe 2,24). La renovación personal y comunitaria que en este tiempo de gracia se nos ofrece es una oportunidad también para profundizar en la llamada que nuestro Plan Pastoral nos propone: salir al encuentro de nuestros hermanos heridos como el Buen Samaritano. 

El cartel, que reproduce una obra de M. Rupnik, nos presenta la imagen del Buen Samaritano que se hace cargo de su hermano herido. Nos es difícil diferenciar los rostros, que presentan, además, una semejanza con el rostro del Señor Jesús. Es que Jesús ha pasado primero por la prueba: “Nosotros le estimamos leproso, herido de Dios y humillado. Él soportó nuestras rebeliones, fue traspasado por nuestros crímenes” (Is 53, 4-5). El

Siervo de Yahveh nos muestra sus heridas gloriosas en Él al mismo tiempo que nos sana las nuestras. En el servicio a nuestros hermanos, que es servicio al mismo Cristo, el Señor nos va sanando. Creemos que el cartel y el lema, en conexión con el Plan Diocesano, nos plantean una dimensión que podemos aprovechar para vivir intensamente este tiempo litúrgico .


2020, Año de la Palabra de Dios 

Todo el Año 2020 será año de la Palabra de Dios, en coincidencia con la recordación de los 50 años de la Federación Bíblica Católica y los 1600 años de la muerte de San Jerónimo, gran traductor de la Biblia.

Como fruto del discernimiento de los Obispos, queremos convocar a todos los fieles católicos del Paraguay, a inaugurar el “Año de la Palabra de Dios”. En la gran fiesta de la Virgen de Caacupé, junto a Ella que escuchó y acogió el Verbo que se hizo carne, queremos comenzar juntos el año pastoral dedicado a la Palabra de Dios.

El año 2020 incluye la feliz recordación de los 50 años de la Federación Bíblica Católica y los 1600 años de la muerte de San Jerónimo, traductor de la Biblia, quien nos advierte que “el desconocimiento de la Escritura, es desconocimiento de Jesucristo”. Nos alegra y motiva este tiempo de gracia en que nuestra Iglesia vuelve a fortalecer su amor a la Palabra y concentra su mirada en la Sagrada Escritura que alimenta nuestro espíritu y nos introduce en la sabiduría divina.

Invitamos a todo el pueblo, todas las parroquias y capillas, todos los grupos y movimientos y a las familias a abrir la Biblia, leer juntos algunos pasajes de la Palabra de Dios y compartir lo que el Espíritu Santo les inspira. La lectio divina realizada de esta manera nos hará arder el corazón y será fuente de vida y compromiso cristiano. ¡Que cada familia tenga una Biblia! ¡Que resuene cada día la Palabra de Dios en todas partes! ¡Que se la anuncie para todos! ¡Para los lejanos y para los que han perdido el entusiasmo de la fe, para la gente sencilla y para los ilustrados; en las cárceles, en el campo, en las oficinas, en las plazas, en las instituciones educativas y en las diversas comunidades eclesiales, en las empresas y en las instituciones públicas!

El camino de los discípulos de Emáus ha sido siempre para la Iglesia un ícono de su propio camino. Ante los muchos desafíos de la misión, necesitamos volver a avivar el fuego, que sólo Cristo es capaz de encender en los corazones de los discípulos. Por eso, el lema de este Año de la Palabra, tiempo de Gracia, recuerda la experiencia de aquellos jóvenes discípulos del Señor: “Nos ardía el corazón, cuando nos explicaba las Escrituras” (cf. Lucas 24, 32).


Plan Diocesano de Pastoral 2019-2020

Iniciábamos nuestro Plan Diocesano de Pastoral en el año 2015 con el Lema: “La Diócesis de Canarias en Conversión Pastoral y en Salida Misionera” y como subtítulo “Jesús y su Evangelio nos cambian, nos reúnen y nos envían”.
Ha sido un recorrido con sus luces y sus sombras según las distintas situaciones de las Parroquias y de los Arciprestazgos, pero que ha servido para marcar una línea de trabajo o dirección común en toda la Diócesis. 

En este tiempo hemos estado profundizando en las tres dimensiones básicas de nuestra fe: el encuentro personal con el Señor, la vivencia comunitaria y la misión como tarea inherente a todo cristiano en razón de su bautismo.

El curso pasado estuvimos trabajando la dimensión misionera, con el lema: “Laicos para la misión”, concretando nuestra reflexión en cinco grandes retos que nos preocupan en estos momentos: La Soledad de las Personas - La Familia - La Juventud - La Pobreza, Marginación y Exclusión - La Sociedad y Cultura.
Una vez que hemos tomado conciencia de esa tarea misionera tenemos que dar los pasos oportunos para encontrar caminos y medios que nos ayuden a llevarla a la práctica. Para ello, hemos encontrado un pasaje evangélico que nos va a servir de referencia para el Plan Diocesano de Pastoral de este curso 2019-2020: la Parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37).
Esta parábola nos dice de forma muy sencilla como tiene que ser nuestra tarea misionera. El curso pasado decíamos “Laicos para la misión” y definíamos el perfil del laico que necesitamos para llevar adelante esa tarea. Creemos que esta parábola nos ayuda a descubrir cómo tenemos que hacerla.
Cuando le preguntan a Jesús: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la ley?¿Qué lees en ella?”. Él respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”
Y cuando le preguntan “¿Quién es el prójimo?” la respuesta es clara: el próximo, el inmediato, cualquier persona concreta que nos encontramos en el camino de la vida, con sus alegrías y sus tristezas, con sus gozos y sus angustias. A esa persona concreta tenemos que encontrarla en el camino, compadecernos, sanar sus heridas y llevarla a la posada”.
Este texto es un ejemplo más “del estilo pastoral de Jesús”,de los procesos que seguía con las personas, de la forma como las trataba, de sus actitudes y gestos hacia ellos, tanto hacia los que se acercaban espontáneamente a Él, como a los que Él buscaba en el camino.
En este texto de Lucas destacan 4 verbos que han de orientar nuestra tarea pastoral y nos darán pistas muy concretas para avanzar y llevar a la práctica la conversión pastoral y la salida misionera, tal y como nos pide el Papa Francisco y que es el objetivo de Plan Pastoral de nuestra Diócesis (2015-2020)
Jesús, con la Parábola del Buen Samaritano, nos invita a salir al camino de la vida, a compadecernos con las heridas de nuestra gente, a sentirnos sensibles ante ellos, a sanar sus heridas, a acompañarlos en su realidad y a llevarlos a la posada, es decir a la comunidad (como hizo el samaritano con el que se encontró en el camino.)
Por eso, el Lema para este curso 2019 – 2020 es: 

“Sanó sus heridas y lo llevó a la posada". "Anda, haz tú lo mismo" 

Este lema quiere ser la aplicación y puesta en práctica del compromiso asumido por todos en el pasado Pentecostés (junio de 2019), en donde salíamos desde nuestra Catedral a la Plaza de Santa Ana, para hacer realidad el compromiso de ser Luz y Sal con los que nos encontráramos en el camino. Por ello, en este curso queremos conjugar juntos estos cuatro verbos para así responder a los retos que trabajamos el pasado curso.

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

El Vídeo de oración del Papa: 


Lo dice el Papa:

Angelus del 5 de abril: 

Queridos hermanos y hermanas,


Antes de concluir esta celebración, deseo saludar a todos los que han participado a través de los medios de comunicación social. En particular, mis pensamientos van a los jóvenes de todo el mundo que viven de una manera sin precedentes, a nivel diocesano, el Día Mundial de La juventud. Hoy se planeó pasar la Cruz de los jóvenes de Panamá a los de Lisboa.


Este gesto tan sugerente se pospone al domingo de Cristo Rey, el 22 de noviembre. En espera de ese momento, les insto a ustedes, jóvenes, a cultivar y dar testimonio de esperanza, generosidad y solidaridad que todos necesitamos en estos tiempos difíciles.


Mañana, 6 de abril, se celebra el Día Mundial del Deporte para el Desarrollo y la Paz, proclamado por las Naciones Unidas. En este período, muchos eventos están suspendidos, pero salen a la luz los mejores frutos del deporte: la resistencia, el espíritu de equipo, la hermandad, el dar lo mejor de uno mismo… Por lo tanto, relancemos el deporte para la paz y el desarrollo.


Queridos hermanos, comencemos con fe la Semana Santa, en la que Jesús sufre, muere y resucita. Las personas y las  familias que no podrán participar en las celebraciones litúrgicas están invitadas a recogerse en oración en casa, ayudados también por los medios de comunicación tecnológicos. Unámonos espiritualmente a los enfermos, a sus familias y a los que los cuidan con tal abnegación; recemos por los enfermos, a sus familias y los que los cuidan con tanta abnegación. Recemos por los difuntos en la luz de la fe Pascual. Cada uno está presente en nuestros corazones, en nuestro recuerdo, en nuestra oración.


De María aprendemos el silencio interior, la mirada del corazón, la fe amorosa para seguir a Jesús en el camino de la cruz, que conduce a la gloria de la Resurrección. Ella camina con nosotros y sostiene nuestra esperanza.


Audiencia General del 1 de abril:   

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


Hoy leemos juntos la sexta bienaventuranza, que promete la visión de Dios y tiene como condición la pureza de corazón.


Un salmo dice: «Dice de tí mi corazón: ‘Busca su rostro’. Sí, Yahvé ,tu rostro busco. No me ocultes tu rostro» (27:8-9).


Este lenguaje manifiesta la sed de una relación personal con Dios, no mecánica, no algo nublada, no: personal, que el libro de Job también expresa como signo de una relación sincera. Dice así el libro de Job: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (Jb 42:5).Y muchas veces pienso que este es el camino de la vida, en nuestra relación con Dios. Conocemos a Dios de oídas, pero con nuestra experiencia avanzamos, avanzamos, avanzamos y al final lo conocemos directamente, si somos fieles… Y esta es la madurez del Espíritu.


¿Cómo llegar a esta intimidad, a conocer a Dios con los ojos? Se puede pensar, por ejemplo, en los discípulos de Emaús, que tienen al Señor Jesús a su lado, «pero sus ojos estaban retenidos para que no lo conocieran» (Lc 24:16). El Señor les abrirá los ojos al final de un camino que culmina con la fracción del pan y que había empezado con un reproche: «¡Oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!” Es el reproche del principio (Lc 24:25). Este es el origen de su ceguera: el corazón insensato y tardo. Y cuando el corazón es insensato y tardo, no se ven las cosas. Se ven las cosas como nubladas.


Aquí reside la sabiduría de esta bienaventuranza: para contemplar, es necesario entrar dentro de nosotros mismos y hacer espacio a Dios porque, como dice San Agustín, «Dios es más interior que lo más íntimo mío » («interior intimo meo«: Confesiones, III,6,11). Para ver a Dios no hay que cambiar de gafas o de punto de mira, o cambiar de autores teológicos que enseñen el camino: ¡hay que liberar el corazón de sus engaños! Este es el único camino.


Es una madurez decisiva: cuando nos damos cuenta de que nuestro peor enemigo se esconde a menudo en nuestro corazón. La batalla más noble es contra los engaños internos que generan nuestros pecados. Porque los pecados cambian la visión interior, cambian la valoración de las cosas, muestran cosas que no son verdaderas, o al menos que non son tan verdaderas.


Por lo tanto, es importante entender qué es la «pureza de corazón». Para ello debemos recordar que para la Biblia el corazón no consiste sólo en los sentimientos, sino que es el lugar más íntimo del ser humano, el espacio interior donde la persona es ella misma. Esto, según la mentalidad bíblica.


El Evangelio de Mateo dice: «Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!» (6,23). Esta «luz» es la mirada del corazón, la perspectiva, la síntesis, el punto de lectura de la realidad (cf. Evangelii gaudium, 143).


¿Pero qué significa corazón «puro»? El puro de corazón vive en la presencia del Señor, conservando en el corazón lo que es digno de la relación con Él; sólo así posee una vida «unificada», lineal, no tortuosa sino simple.


El corazón purificado es, por lo tanto, el resultado de un proceso que implica una liberación y una renuncia. El puro de corazón no nace así, ha vivido una simplificación interior, aprendiendo a negar el mal dentro de sí, algo que en la Biblia se llama circuncisión del corazón (cf. Dt 10:16; 30:6; Ez 44:9; Jer 4:4).


Esta purificación interior implica el reconocimiento de esa parte del corazón que está bajo el influjo del mal: -“Sabe, Padre, siento esto, veo esto y está mal” : reconocer la parte mala, la parte que está nublada por el mal – para aprender el arte de dejarse siempre adiestrar y guiar por el Espíritu Santo. El camino del corazón enfermo, del corazón pecador, del corazón que no puede ver bien las cosas, porque está en pecado, a la plenitud de la luz del corazón es obra del Espíritu Santo. Él es quien nos guía para recorrer este camino. Y así, a través de este camino del corazón, llegamos a «ver a Dios».


En esta visión beatífica hay una dimensión futura, escatológica, como en todas las Bienaventuranzas: es la alegría del Reino de los Cielos hacia la que vamos. Pero existe también la otra dimensión: ver a Dios significa comprender los designios de la Providencia en lo que nos sucede, reconocer su presencia en los sacramentos, su presencia en los hermanos, especialmente en los pobres y los que sufren, y reconocerlo allí donde se manifiesta (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2519).


Esta bienaventuranza es un poco el fruto de las anteriores: si hemos escuchado la sed del bien que habita en nosotros y somos conscientes de que vivimos de misericordia, comienza un camino de liberación que dura toda la vida y nos lleva al Cielo. Es un trabajo serio, un trabajo que hace el Espíritu Santo si le damos espacio para que lo haga, si estamos abiertos a la acción del Espíritu Santo. Por eso podemos decir que es una obra de Dios en nosotros – en las pruebas y en las purificaciones de la vida – y esta obra de Dios y del Espíritu Santo lleva a una gran alegría, a una paz verdadera. No tengamos miedo, abramos las puertas de nuestro corazón al Espíritu Santo para que nos purifique y nos haga avanzar por este camino hacia la alegría plena.



Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


En esta catequesis reflexionamos sobre la bienaventuranza que dice: «Dichosos los que tienen el corazón puro, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Esta bienaventuranza nos promete la visión de Dios y tiene como condición la pureza de corazón. ¿Qué quiere decir tener el corazón “puro”? Significa conservar en nuestro interior lo que es digno de una relación con el Señor verdadera, y llevar una vida integra, lineal y sencilla en su Presencia.


Tener un corazón puro es un camino de purificación interior. Hay que reconocer que, con frecuencia, nuestro peor enemigo está escondido dentro de nosotros mismos, y necesitamos convertirnos al Señor. Este proceso implica reconocer la influencia del mal que hay en nosotros, y dejarse conducir con docilidad por el Espíritu Santo; es un camino de maduración, supone renuncia, sinceridad y valentía.


Cuando descubrimos nuestra sed de bien y la misericordia de Dios que nos sostiene, comienza un camino de liberación que dura toda la vida y nos prepara al encuentro con el Señor. Se trata de un trabajo serio y, sobre todo, de una obra que Dios hace en nosotros a través de las pruebas y las purificaciones de la vida, y que nos lleva, si lo aceptamos, a experimentar una gran alegría y una paz verdadera.


Saludo cordialmente a los fieles de lengua española, que siguen esta catequesis a través de los medios de comunicación social. Pidamos al Señor que nos conceda pureza y sencillez de corazón para descubrir su Providencia en los sucesos de la vida cotidiana. Y tengamos presentes, en estos momentos de prueba y oscuridad, a todos nuestros hermanos y hermanas que sufren, y a quienes los ayudan y acompañan con amor y generosidad. Que Dios los bendiga.

 

Web de la Santa Sede

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